La inflación vuelve a subir y el bolsillo lo resiente
Por EDITOR Agosto 10, 2026 37
Los precios al consumidor volvieron a aumentar durante julio, aunque el avance mensual fue marginal. El Índice Nacional de Precios al Consumidor registró una variación de 0.03 por ciento respecto a junio, al pasar de 145.131 a 145.169 puntos, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
El dato importa porque una inflación baja no significa que los precios hayan disminuido. Significa que, en promedio, el costo de los bienes y servicios incluidos en la medición avanzó ligeramente. Para las familias, la diferencia se encuentra en los productos que compran con mayor frecuencia: un aumento pequeño en el indicador general puede convivir con incrementos mucho más visibles en determinados alimentos, servicios o bienes.
Durante julio, la mayor presión al alza dentro de los productos y servicios con mayor incidencia provino de la cebolla, la vivienda propia, las loncherías, fondas, torterías y taquerías, otros alimentos cocinados, la naranja, el transporte colectivo, los productos para el cabello, el transporte aéreo, los restaurantes y las computadoras.
Esto significa que el encarecimiento no se concentró únicamente en productos del supermercado. También alcanzó gastos habituales de las familias, como comer fuera de casa, transporte y vivienda. Para quien utiliza con frecuencia estos servicios, el efecto puede sentirse de manera distinta al promedio nacional que refleja el INPC.
Al mismo tiempo, hubo productos que bajaron de precio y ayudaron a contener el resultado general. Entre ellos estuvieron el jitomate, el gas doméstico LP, los automóviles, los hoteles, el huevo, el chile poblano, el pollo, el chile serrano, las cremas para la piel y los zapatos tenis. La caída de algunos de estos productos compensó parte de los aumentos registrados en otros componentes de la canasta.
El comportamiento de julio muestra por qué la inflación no debe interpretarse únicamente a partir de una cifra general. Una familia que compra con frecuencia alimentos cuyos precios aumentaron o que destina una parte importante de su ingreso a vivienda, restaurantes y transporte puede sentir una presión mayor que otra cuyos principales gastos estuvieron entre los productos que bajaron de precio.
El propio indicador refleja esta combinación de aumentos y disminuciones. Mientras el índice mensual avanzó 0.03 por ciento, el índice correspondiente a la segunda quincena de julio aumentó 0.11 por ciento respecto a la primera quincena, al pasar de 145.091 a 145.246 puntos. La medición muestra que la presión sobre los precios continuó hacia el cierre del mes.
En términos económicos, el dato no representa por sí mismo un episodio de inflación desbordada. Lo relevante es que los precios no dejaron de aumentar. La inflación funciona como una medición del ritmo al que cambia el nivel general de precios; por eso, que el aumento sea pequeño no implica que los productos hayan regresado a los precios anteriores.
Para los consumidores, la lectura es sencilla: el dinero conserva prácticamente el mismo poder de compra frente al promedio de la canasta, pero algunos gastos cotidianos requieren más recursos que un mes antes. Para las empresas, el comportamiento de los precios también importa porque puede modificar costos de operación, salarios, transporte, insumos y decisiones de inversión.
Y para el Gobierno, mantener la inflación bajo control resulta relevante porque aumentos persistentes terminan afectando el poder adquisitivo y complican las decisiones de hogares y empresas. El dato de julio muestra una economía donde existen presiones específicas sobre determinados productos y servicios, mientras otros precios disminuyen y ayudan a moderar el resultado general.
“Los precios de los bienes y servicios más significativos por su incidencia sobre la inflación general durante el mes de julio” tuvieron comportamientos opuestos, señaló el INEGI, con aumentos y reducciones que terminaron produciendo el avance mensual de 0.03 por ciento.
La conclusión para el consumidor es quizá la más importante: la inflación no se siente igual en todos los hogares. El impacto real depende de qué compra cada familia, cuánto destina a alimentos, vivienda, transporte, restaurantes y servicios, y cuáles de esos productos están aumentando o disminuyendo de precio.
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