Gas Bienestar pierde fuerza: cae el negocio y se estanca su cobertura

Por EDITOR Agosto 25, 2026 34

Cinco años después de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador presentó a Gas Bienestar como una pieza de su estrategia para reducir el precio del gas LP, el proyecto enfrenta una combinación de menores ingresos, cobertura territorial limitada y altos costos de operación.

La empresa pública fue creada en 2021 con la promesa de romper el predominio de los grandes distribuidores privados y llevar gas LP a precios más accesibles a los hogares. Sin embargo, su expansión nacional quedó lejos de las metas planteadas originalmente.

De acuerdo con la información publicada, Gas Bienestar opera actualmente en apenas nueve alcaldías de la Ciudad de México, lo que representa una cobertura territorial de alrededor de 0.5 por ciento. La infraestructura necesaria para ampliar la distribución tampoco alcanzó la escala prevista.

El deterioro también aparece en sus resultados comerciales. Las ganancias por venta de gas entre enero y mayo pasaron de 254.3 millones de pesos en 2022 a 183.4 millones en 2023 y 174.4 millones en 2024. Es decir, el ingreso acumulado en ese periodo disminuyó alrededor de 31 por ciento frente a 2022.

La operación también ha requerido recursos públicos. El reporte señala un desembolso inicial de 4 mil millones de pesos de Pemex para adquirir activos, mientras que la operación diaria habría representado alrededor de mil 500 millones de pesos y se han utilizado subsidios cruzados para sostener el esquema.

Uno de los mayores problemas se encuentra en la renovación de los cilindros. Alrededor de 800 mil cilindros viejos e inservibles fueron recolectados y repuestos, con el costo absorbido por el erario, de acuerdo con la información difundida.

El modelo tampoco ha logrado ampliar de manera significativa su presencia fuera de la capital. La estrategia inicial contemplaba una expansión progresiva hacia distintas entidades del país, pero el proyecto terminó concentrándose en un número reducido de zonas de la Ciudad de México.

El resultado es un modelo con una paradoja: el gobierno mantiene una estructura costosa para participar en un mercado en el que su presencia sigue siendo marginal. El beneficio para los consumidores existe cuando el precio de Gas Bienestar se encuentra por debajo de las alternativas privadas, pero el ahorro no necesariamente compensa los costos que implica sostener la operación.

A ello se suma un problema de transparencia. Parte de la información financiera y operativa de la empresa permanece limitada, mientras que documentos y auditorías citados en la investigación señalan inconsistencias y costos que dificultan conocer con precisión cuánto representa el programa para las finanzas públicas.

El reto para Pemex y el gobierno federal será decidir si Gas Bienestar puede recuperar escala y eficiencia o si continuará funcionando como un mecanismo focalizado de control de precios. Cinco años después de su lanzamiento, la promesa de una red nacional de distribución de gas LP está lejos de haberse materializado.

 

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