Trump presiona por una tregua petrolera; Ucrania vuelve a atacar el corazón energético ruso

Por EDITOR Octubre 30, 2026 49

Moscú reporta ataques contra tres refinerías y una planta química. Kiev reivindicó una operación contra la refinería de Novokuibyshevsk, en medio de las presiones de Washington para frenar los bombardeos sobre la infraestructura petrolera rusa.

La campaña ucraniana contra la infraestructura energética de Rusia volvió a colocar en tensión los esfuerzos diplomáticos de Donald Trump para contener los ataques a las instalaciones petroleras. El viceprimer ministro ruso, Alexánder Novak, aseguró este viernes que drones ucranianos atacaron tres refinerías y un complejo petroquímico, después de un periodo de relativa pausa en las operaciones.

 

Novak señaló que los ataques alcanzaron cuatro instalaciones industriales y que una de ellas sufrió daños menores. Sin embargo, no identificó públicamente las plantas afectadas ni precisó su ubicación. Por ahora, la versión del funcionario ruso no cuenta con una verificación independiente completa.

 

Por separado, la empresa ucraniana de fabricación de drones Fire Point afirmó que sus aeronaves atacaron la refinería de Novokuibyshevsk, en la región rusa de Samara, durante las primeras horas del viernes. La compañía aseguró que uno de los objetivos fue una unidad de tratamiento de diésel. Imágenes difundidas desde la zona mostraron columnas de humo, aunque no permiten establecer por sí solas la magnitud de los daños. El Estado Mayor ucraniano no había confirmado oficialmente la operación al momento de los reportes.

 

El nuevo episodio ocurre apenas horas después de que Reuters retomara una investigación de The Wall Street Journal según la cual Ucrania había pausado sus ataques contra refinerías rusas desde mediados de octubre, tras presiones de la administración Trump. La suspensión habría sido informal y estaba vinculada con los esfuerzos de Washington para reactivar las negociaciones de paz y contener el encarecimiento de los combustibles.

 

La presión estadounidense también tiene una dimensión económica. Trump ha responsabilizado a los ataques ucranianos de contribuir al encarecimiento de los combustibles y anunció un acuerdo para comprar diésel ruso. Moscú, por su parte, prepara un sistema de cuotas para reanudar parcialmente sus exportaciones de ese combustible, mientras mantiene restricciones para proteger su mercado interno.

 

Los ataques contra refinerías buscan reducir la capacidad rusa para transformar petróleo en combustibles y complicar el suministro destinado tanto al mercado interno como a las operaciones militares. También pueden afectar los ingresos derivados de las exportaciones de productos refinados. No obstante, el efecto depende de la gravedad de los daños, el tiempo de reparación y la capacidad de las instalaciones para operar parcialmente.

 

La campaña representa una herramienta de presión para Kiev, que sostiene que necesita responder a los ataques rusos contra su infraestructura energética y sus ciudades. El gobierno ucraniano ha planteado que cualquier suspensión de sus operaciones contra instalaciones petroleras debería acompañarse de garantías para proteger su propio sistema eléctrico y energético.

 

El episodio deja en evidencia la fragilidad de cualquier entendimiento energético mientras continúen los ataques rusos contra Ucrania y las operaciones ucranianas contra instalaciones estratégicas de Rusia. Para Washington, el desafío es sostener una negociación que reduzca los riesgos sobre el suministro y los precios internacionales sin que la presión diplomática termine favoreciendo unilateralmente a una de las partes.

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