Tren Maya amplía expropiaciones en Quintana Roo

Por EDITOR Mayo 6, 2026 43

El gobierno federal publicó en el Diario Oficial de la Federación nuevos decretos de expropiación para continuar obras vinculadas al Tren Maya en Quintana Roo, manteniendo la expansión territorial del megaproyecto en tierras ejidales del sureste mexicano.  

Las nuevas ocupaciones afectan principalmente a:

  • el ejido “Chunyaxché y Anexos”, en Felipe Carrillo Puerto;
  • y zonas ejidales vinculadas a Ramonal Río Hondo, en Othón P. Blanco.  

En el caso de Chunyaxché y Anexos, el decreto establece la expropiación de 20.05 hectáreas destinadas a infraestructura ferroviaria y obras complementarias del Tren Maya.  

Aunque el DOF no publica el precio exacto por hectárea en esta edición, sí establece que Tren Maya S.A. de C.V. deberá cubrir indemnizaciones conforme a avalúos oficiales realizados por el Instituto de Administración y Avalúos de Bienes Nacionales (INDAABIN).  

El tema vuelve a abrir el debate sobre el verdadero costo económico, social y ambiental del proyecto ferroviario más importante del sexenio pasado y uno de los más polémicos en la historia reciente del país.

En términos financieros, el Tren Maya ya rebasó ampliamente las estimaciones originales. Lo que comenzó como una obra cercana a los 150 mil millones de pesos terminó multiplicando su costo por ampliaciones, cambios de trazo, obras militares, indemnizaciones y nuevas intervenciones territoriales.

El impacto social también sigue creciendo. Comunidades ejidales del sureste han denunciado presión inmobiliaria, cambios acelerados en el uso del suelo y pérdida gradual del control territorial frente al crecimiento turístico y ferroviario.

En paralelo, el frente ambiental continúa siendo uno de los más sensibles. Especialistas y organizaciones han documentado afectaciones a selvas, cenotes, cuevas y corredores biológicos en varias zonas de Quintana Roo, particularmente en áreas cercanas al Tramo 5.

Incluso el propio gobierno reconoció oficialmente daños ecológicos derivados de la construcción y la necesidad de implementar procesos de restauración ambiental en distintas regiones afectadas.

Para el gobierno federal, el Tren Maya sigue representando una apuesta estratégica para impulsar turismo, conectividad y desarrollo económico en el sureste. Para sus críticos, el proyecto simboliza una expansión territorial acelerada cuyos costos ambientales y sociales podrían extenderse durante décadas.

Las nuevas expropiaciones muestran que el Tren Maya todavía continúa creciendo y que el debate sobre sus consecuencias está lejos de terminar.  

 

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