China se convierte en el punto más delicado de la revisión del T-MEC

Por EDITOR Septiembre 29, 2026 40

La exrepresentante comercial de Estados Unidos, Katherine Tai, advierte que Washington debe distinguir entre inversiones que benefician a México y aquellas que generan riesgos, mientras la negociación incorpora mayores exigencias para reducir la presencia china en Norteamérica.

La presencia de China se convirtió en uno de los puntos más sensibles de la revisión del T-MEC, en momentos en que Estados Unidos busca reducir la participación de capital e insumos asiáticos en las cadenas productivas de Norteamérica. La discusión coloca a México ante una disyuntiva comercial: atender las preocupaciones de Washington sin convertir las nuevas restricciones en un obstáculo para la inversión y la competitividad del país.

Katherine Tai, exrepresentante comercial de Estados Unidos, planteó durante una visita a México que Washington debe distinguir qué tipo de inversión resulta benéfica para el país y cuál no. Su argumento introduce un matiz en una negociación en la que la reducción de la presencia china se ha convertido en una de las prioridades estadounidenses.

La presión ya se refleja en las políticas comerciales mexicanas. Desde enero, México elevó entre 5 y 50 por ciento los aranceles para mil 463 fracciones provenientes de países con los que no mantiene tratados comerciales. La medida afectó importaciones de distintas economías asiáticas y fue presentada por el Gobierno mexicano como parte de una estrategia para sustituir importaciones, elevar el contenido nacional y fortalecer las cadenas productivas. 

El problema es que las cadenas de suministro mexicanas no dependen únicamente de productos terminados. Una parte importante de las importaciones procedentes de Asia corresponde a insumos y bienes intermedios utilizados por empresas instaladas en México. Por ello, restringir determinados componentes o inversiones puede tener efectos sobre industrias que exportan desde territorio mexicano hacia Estados Unidos.

La discusión adquiere mayor importancia por la propia revisión del tratado. México y Estados Unidos mantienen conversaciones bilaterales sobre barreras comerciales y medidas unilaterales antes de entrar de lleno a una discusión más amplia sobre el futuro del T-MEC. El embajador mexicano en Estados Unidos, Roberto Lazzeri, confirmó que el proceso todavía no se desarrolla como una negociación trilateral. 

Washington también ha colocado el contenido chino de determinados productos tecnológicos dentro de la negociación. En particular, fuentes citadas durante el proceso han señalado la preocupación estadounidense por la presencia de componentes chinos en equipos de inteligencia artificial que México exporta a Estados Unidos. 

Para México, el desafío consiste en demostrar que una política de mayor integración regional puede reducir riesgos para Estados Unidos sin cerrar indiscriminadamente el acceso a capital, tecnología e insumos provenientes de terceros países. La propia Tai advirtió que no todas las inconformidades estadounidenses respecto de las regulaciones de sus socios comerciales constituyen automáticamente barreras no arancelarias y que deben analizarse caso por caso.

La definición de estas reglas tendrá consecuencias que van más allá de China. Lo que está en discusión es qué condiciones deberá cumplir una empresa extranjera para invertir, producir y exportar desde México hacia Estados Unidos bajo el nuevo equilibrio comercial norteamericano. La respuesta determinará también cuánto margen conservará México para diversificar sus fuentes de inversión y proveedores sin poner en riesgo el acceso preferencial al mercado estadounidense

 

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