Cambian costos ocultos de la luz; industria entra en etapa de ajustes
Por EDITOR Junio 18, 2026 43
La electricidad no sólo se paga por consumirla. También existe un costo asociado a transportarla desde los centros de generación hasta los puntos donde finalmente es utilizada. Ese componente, poco conocido fuera del sector energético, acaba de cambiar en México.
La Comisión Nacional de Energía (CNE) publicó una nueva metodología para calcular los cargos de transmisión eléctrica, una decisión que podría tener implicaciones para empresas, inversionistas y proyectos industriales que dependen de grandes volúmenes de energía para operar.
Aunque el tema parece técnico, toca uno de los elementos más sensibles para la competitividad económica: el costo final de la electricidad.
La transmisión eléctrica constituye la red que conecta centrales de generación con industrias, comercios, ciudades y centros de consumo. Mantener, ampliar y operar esa infraestructura implica costos que forman parte de la estructura tarifaria del sistema eléctrico nacional.
La nueva metodología busca actualizar los criterios utilizados para determinar dichos cargos, estableciendo mecanismos que permitan reflejar de manera más precisa las condiciones operativas y económicas de la red.
Detrás de esta modificación existe una realidad que preocupa cada vez más a inversionistas y empresarios. La demanda eléctrica crece impulsada por el nearshoring, la expansión manufacturera, la digitalización de la economía y el desarrollo de nuevas industrias intensivas en consumo energético.
Cada nueva planta automotriz, centro de datos, complejo logístico o instalación industrial requiere no sólo acceso a electricidad, sino una red capaz de transportarla de forma eficiente y competitiva.
Por ello, los costos de transmisión han dejado de ser un asunto exclusivo de especialistas. Hoy forman parte de las variables que las empresas analizan antes de decidir dónde invertir.
Una diferencia relativamente pequeña en costos energéticos puede traducirse en millones de pesos cuando se trata de operaciones industriales de gran escala. En sectores altamente competitivos, la energía puede representar uno de los principales componentes del gasto operativo.
La actualización regulatoria adquiere especial relevancia para estados que buscan atraer nuevas inversiones. Tamaulipas, Sonora, Veracruz y Yucatán compiten por captar proyectos industriales vinculados al comercio exterior, manufactura avanzada, energías renovables, tecnología y logística.
La competitividad energética de estas regiones dependerá cada vez más de la capacidad para ofrecer electricidad suficiente, infraestructura adecuada y costos previsibles para quienes buscan instalar nuevas operaciones.
La decisión también refleja una tendencia global. Conforme las economías avanzan hacia procesos más electrificados, las redes de transmisión adquieren una importancia estratégica similar a la que durante décadas tuvieron carreteras, puertos o aeropuertos.
En otras palabras, no basta con generar energía. También es necesario garantizar que pueda llegar de manera eficiente a donde será utilizada.
Especialistas del sector han advertido que uno de los mayores retos para México será modernizar y ampliar su infraestructura de transmisión para acompañar el crecimiento de la demanda durante la próxima década. Sin nuevas inversiones en redes eléctricas, incluso regiones con abundante capacidad de generación podrían enfrentar limitaciones para incorporar nuevos proyectos productivos.
La publicación de esta metodología representa un paso dentro de ese proceso de modernización. Sin embargo, también envía un mensaje claro al mercado: los costos energéticos seguirán evolucionando y las empresas deberán incorporar cada vez más variables relacionadas con infraestructura eléctrica dentro de sus estrategias de crecimiento.
La competencia por atraer inversiones ya no se definirá únicamente por incentivos fiscales o costos laborales. La disponibilidad de energía, la capacidad de transmisión y la estabilidad regulatoria comienzan a ocupar un lugar central en las decisiones de negocio.
Por ello, lo que hoy parece una modificación técnica podría terminar influyendo en la competitividad de industrias enteras y en la capacidad de México para aprovechar plenamente la oportunidad económica que representa la relocalización global de cadenas productivas.



