
En Petit Comité | Viernes 24 de junio de 2022
Por EDITOR Junio 24, 2022 29
En petit comité***
Por: ÓSCAR MARIO BETETADe un crimen con graves consecuencias
En las escandalosas, incontenibles y crecientes cifras sobre la inseguridad y la criminalidad en México, subyacen sus consecuencias más perniciosas y preocupantes: la emergencia del Estado Criminal que, por sus métodos de entronización y actuación, se ha sobrepuesto al Estado Legal. Si ahora sería difícil contener ese fenómeno por el poder que tiene, con el tiempo podría absorber o borrar a cualquier otro que se le oponga. La condena y el Infierno en ciernes.
Las raíces más profundas de ese monstruo datan de hace varias décadas, ciertamente; sería infundado, injusto y ridículo atribuir su existencia a la administración de Andrés Manuel López Obrador. De hecho, durante los dos gobiernos que antecedieron al suyo, el problema se mantuvo y alcanzó dimensiones extraordinarias.
Empero, los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto lo enfrentaron con los recursos legales de que disponían; fue acertada o no su estrategia, dio o no los resultados esperados, fue real o simulada la acción oficial para detener la ofensiva criminal, ahí están los números para considerarlo. Se pueden valorar a la luz del tiempo que ha transcurrido y, sobre todo, contrastar con lo que ha hecho López Obrador.
El presidente, quien reiteradamente ofreció enfrentar y resolver esa preocupación nacional, ha conseguido muy poco; su estrategia de atacar la base de la criminalidad --que él sólo ve en la marginación y en la pobreza-- con programas asistencialistas, objetivamente no ha funcionado. Los indicadores que tiene en cuatro años de gobierno, superan los de sus predecesores.
La diferencia está en que Calderón y Peña apelaron al uso legítimo de la fuerza que caracteriza a todos los estados nacionales, mientras que AMLO, pese a haber creado la Guardia Nacional y destinarle miles de millones de pesos a la “seguridad”, mantiene una estrategia de tolerancia hacia los grupos criminales.
Estos, sabiendo que no hay la menor intención de enfrentarlos, dominan una parte importante del territorio, donde han establecido sus condiciones con las armas y controlan y usufructúan toda actividad rentable.
En ese proceso, se va configurando la industrialización del crimen y la criminalización de la economía, un signo realmente ominoso para todos que no se ve en ningún otro país.
Cuando una fuerza ilegal es capaz de cegar por igual la vida de hombres, mujeres, niños, políticos, periodistas… en todos lados a cualquier hora y llega al extremo de asesinar brutalmente a dignatarios de la Iglesia, como esta semana a los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar en Chihuahua, dos escenarios saltan a la vista:
1.- El gobierno rectifica su estrategia y apela a los recursos legales que tiene, los cuales son incomparables e imparables si se emplean mirando al fin máximo e inapelable que lo justifica de salvaguardar la vida y el patrimonio de sus gobernados.
2.- De mantener la política de dejar hacer, dejar pasar, el crimen organizado seguiría avanzando; podría suplantar en su totalidad al poder legalmente constituido, anular las leyes, secuestrar todas las instituciones y esclavizar a la ciudadanía a perpetuidad.
El presidente de la República tiene la última palabra. Como él mismo ha manifestado, rectificar es de sabios. La gravedad aumenta y el tiempo está encima.
Sotto Voce.- Ante la posibilidad de ser candidato al gobierno capitalino, el secretario de seguridad de la Ciudad de México, Omar García Harfuch, lo ha dejado nítidamente establecido: sólo piensa en hacer bien su trabajo. El éxito en este, suele presentar nuevas y mejores oportunidades… El mensaje del senador Ricardo Monreal Ávila, que podría ser el último, es muy claro: “Si se me sigue excluyendo, nada tengo que hacer en Morena”… Con el cruel y cobarde asesinado de los dos padres jesuitas, se podría romper la regla no escrita que ha blindado a representantes de la Iglesia Católica contra la delincuencia organizada. Podría sentarse un precedente delicadísimo y gravísimo de enormes consecuencias. Dejaría en estado de indefensión y de abandono a millones de fieles de las comunidades más apartadas y pobres del país –que son los más-- cuyo único aliento y esperanza es el apoyo moral, espiritual y afectivo que reciben de los misioneros.
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