Tercer artículo de una serie enfocada en las nominaciones al Óscar. Ganadora de la Palma de Oro, Globo de Oro a la Mejor Película Extranjera, Premio del sindicato de actores a mejor reparto y nominada a seis Premios de la Academia entre los cuales destaca Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Película Extranjera y Mejor Guión Original: ¿qué tiene Parásitos(2019) que ha hipnotizado a los críticos, público y jurado? Gisaengchung–en su idioma original- combina el humor negro y ácido entregándolo en una crítica social de un tema que ya no debería suponer una novedad, la desigualdad económica; Ki-taek (Song Kang-ho), un padre de familia desempleado –debido a que no pudo aplicar para una ayuda gubernamental- al igual que su esposa Chung-sook (Jang Hye-jin) encuentran una oportunidad de oro cuando su hijo Ki-woo (Choi Woo-shik) ingresa a la familia de los Park como tutor de inglés de la hija. Si algo ha enseñado el modo de producción capitalista en el cual la mayoría de la población mundial se encuentra inmersa, es la existencia de una eterna lucha por ascender lo más alto posible, casi nadie –o más bien nadie- desea encontrarse en lo bajo de la cadena alimenticia. El filme de Bong Joon-ho, tiene ligeras sutilezas que nos sitúan en el contexto competitivo y demandante en el que se vive, por ejemplo, la creencia –no dicha abiertamente- que la educación universitaria no se enfoca en el mejoramiento educativo pero en un método para obtener prestigio por la institución en que se estudia, además de que la relaciones entre las élites ricas deben cultivarse continuamente con rituales de reunión –llámese fiestas- y finalmente, que existe la posibilidad de fingir hasta parecer o ser. La respuesta tan favorable por parte de medios especializados en cinematografía a nivel internacional, podría ser causada por una temática que existió, existe y existirá mundialmente además de que es atemporal, se justifica que el equilibrio humano depende que unos sean los vencedores y otros los vencidos. Algunas teorías que buscan explicar la pobreza apuntan a reconocerla como un fallo de la persona que lo experimenta, por escasez de oportunidades o por pertenecer a países en vías de desarrollo; pero si la mayoría que la padece, vive bajo el mismo régimen económico ¿no será que habrá algo de erróneo con el concepto de trabajar, acumular y repetir? El personaje de Ki-taek propicia en su familia recurrir a las habilidades natas que tienen, para escalar lentamente en la pirámide de bienestar. Cada uno interpreta un papel cual obra de teatro, el hijo funge de tutor, la hija de experta y terapista de arte, mientras que él y su esposa son el chófer y la ama de llaves que completan el cuadro; la tranquilidad con la cual planean deshacerse de los antiguos trabajadores y triunfan, revelan la urgente necesidad de salir del sótano –literal y metafórico- en el cual se encuentran. Y es que Parásitos (2019) presenta situaciones reales llevadas al campo de la exageración y burla, cuando los protagonistas parecen haber alcanzado un punto de confianza, la situación los desborda; al momento de soñar con algo fuera de su condición y aprovechar un viaje de la familia Park para sentirse como dueños de esta realidad, la verdad los golpea: juegan a ser Ícaro y se queman con el sol, pretenden imaginar qué sería de su vida si el hijo se casará con la hija de los dueños de la casa, “tal vez ya estoy cocinando para mi nuera” dice Chung-sook. Ambas familias tienen elementos en común, cuidan de ellos mismos y de sus intereses, pero se configuran ante el espectador como entes apartes. Lo que nadie quiere y desecha, la inmundicia y mugre pertenecen a la cloaca –a nivel del suelo- que es donde vive la familia de Ki-taek, mientras que los Park con su ropa impecable y siempre sonrientes tienen una casa a desnivel con un amplio patio que los aleja de los niveles más bajos, la holgura económica les permite ser espontáneos. Es Da-Song (Jung Hyeon-jun), el hijo hiperactivo de los Park quien por primera vez, se da cuenta de un símbolo fundamental en la cinta: el olor. Porque de manera sutil, Bong Joon-ho recalca que la pobreza y por ende la desigualdad, tienen un olor particular; es fácil de identificar y el niño lo hace con toda la familia, a través de sus ojos infantiles identifica mejor que los adultos, que todos ellos pertenecen a la misma clase y no es la que él conoce. Los últimos momentos de la película, el cineasta crea incomodidad y genera la expectativa sobre qué pasará, ¿será que finalmente podrán escalar socialmente o las clases sociales son inamovibles? Para Parásitos (2019) la vida continua en inercia, tras el clímax –del cual no se revelará nada- una nueva familia sustituye a la antigua, las aguas turbias se calman y todo vuelve a donde inició; éste, considero, es el anuncio más relevante de toda la trama: no habrá un cambio verdadero, puesto que la estructura que la sostiene y sustenta no está dispuesta a dejar que los “parásitos” puedan convertirse en algo más, una especie de mandamiento que se lee así,  no desearás lo que nunca podrás tener. TRAILER  https://www.youtube.com/watch?v=cR05bEhbWAs