Foto: El País
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Elba Esther Gordillo fue durante varios sexenios, el brazo derecho del presidente en turno. De hecho, su incursión en la vida política-sindical, se dio en 1994, cuando el presidente Carlos Salinas de Gortari le concede el liderazgo del poderoso Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el cual encabezó hasta el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018), quien la encarceló por desvío de recursos sindicales.

Cinco años después, la maestra Gordillo recuperó su libertad y buena parte de su fortuna. No así la presidencia del SNTE que hoy ocupa quien fuera uno de sus incondicionales, Alfonso Cepeda.

Gordillo se sinceró en una entrevista con el diario El País y aclaró que nunca se fue de la vida pública-política de México y, de paso, aprovechó para decir lo que busca en la Cuarta Transformación.

“Queremos una democracia plural y participativa”, dice. Al hablar en plural se refiere a ella, su círculo cercano (sobre todo su yerno y nieto), “su Sindicato” y las intenciones que tienen en un momento del país en el que dejaron de ser espectadores y buscan ser actores principales.

Eso sí, la ex lideresa asegura que ya no piensa en estar en ningún partido y justifica la fuente de su fortuna en los cargos de elección popular (fue diputada y senadora) que ocupó bajo los colores del PRI. Prefiere, explica, que su yerno y nieto hagan sus propios méritos y no transmitirle los de ella.

Pero claro, no todo es para siempre y cuando le preguntan cuál sería el problema más grave que enfrenta el sistema político del país es precisa: “El gran vacío que tenemos es de líderes, de grandes jefes de Estado”.

Y su opinión sobre el gobierno de López Obrador, también: “En lo personal, me agrada mucho y creo que hay que apoyarlo para que se logre voltear a ver a los indígenas, somos un país con una profunda inequidad en casi todo. Soy una convencida de que para lograr muchas de esas cosas se requieren reformas, sacudimientos del sistema político”.

Con el ex presidente Peña Nieto es implacable y dice sentir mucha pena por él. “No puedo negar que fui responsable para que fuese electo”, espeta. 

Ella se autodefine como políticamente incorrecta. Sin necesidad de pedirle permiso a nadie.