Integrantes de la comunidad jasídica de Satmar, fundada por descendientes del pueblo húngaro migrante tras la Segunda Guerra Mundial, se han establecido en distintas partes del mundo: Europa, América Latina y Norteamérica. En Nueva York, particularmente Williamsburg, es el epicentro de una comunidad con una visión particular del judaísmo; sus raíces ancestrales y la interpretación personal que hacen de la religión, acompañan costumbres férreamente establecidas, un lenguaje propio –el yiddish- vestimenta y nociones específicas sobre el plano familiar y lo colectivo.

Deborah Feldman, la escritora estadounidense-alemana decidió –en el 2012- publicar Poco ortodoxa: el escandaloso rechazo de mis raíces jasídicas, una autobiografía en la que relata su infancia y adultez en la comunidad de Satmar, así como la decisión de abandonarla para establecerse en Berlín y comenzar su labor en las letras. En su obra, la autora revela un matrimonio arreglado (para ella) a los diecisiete años; el nacimiento, tras dos años casada, y la eventual determinación por volar miles de kilómetros hacia Europa con el fin de iniciar una vida distante a la que conocía.

A partir del libro, así como de la publicación de una segunda memoria, Exodus (2014),  logró obtener reconocimiento llevándola a ser invitada a participar en el documental alemán-suizo #Female Pleasure –en español Placer Femenino-  abogando por la liberación sexual femenina bajo la perspectiva de mujeres con distintas religiones y culturas; ella, apoyando el conocimiento del cuerpo y la no represión de deseos.

Pero para Feldman, el conocimiento del ojo público es reciente. Tras el estreno –la semana pasada- de una miniserie basada parcialmente en su experiencia, la atención mediática y social ha sido inesperada. Titulada Poco Ortodoxa, la serie juega con el pasado y presente, de Esty Shapiro (Shira Haas) interconectándolos para conformar el rompecabezas de su salida de Williamsburg y reencuentro con su pasado alemán; una chica de diecinueve años, embarazada y atrapada en un matrimonio orquestado por la casamentera con Yanky (Amit Rahav). Seleccionando episodios reales y traspasándolos a lo ficcional, como el aparente desentendimiento con su madre, el alcoholismo de su padre y la relación maternal que tenía con su abuela, Feldman quien fungió como asesora y productora, pidiendo la ayuda de especialistas en religión, comunidades jasídicas y demás expertos para evitar caer en clichés. Y aunque esta no es la primera ocasión que los medios representan a estas comunidades, ¿quién mejor para conocer y explicar su conformación de la realidad que ellos mismos?

Desde el primer episodio, Esty se establece como un personaje arquetipo de la buena esposa y creyente, ella le confía un secreto a su prometido que “no es una chica normal”, bueno “sí normal, normal”, pero “diferente”. El matrimonio pareciera una escapatoria a la no identificación que tenía con sus conocidos, pero al verse acorralada su única distracción son las lecciones de piano clandestinas que tomaba; la eventual realización de una insatisfacción espiritual, sexual y emocional la llevan a Berlín, un lugar prohibido en términos de rememoración de guerra por su religión, implicándole un choque cultural con sus creencias y adoctrinamiento.  La serie cuestiona al Berlín moderno y al de la guerra, pareciera que conviven entre el recuerdo del sufrimiento y el ahora presente multiculturalismo y diversidad, para contrarrestar los fantasmas anteriores.

En su travesía, la inclinación por la música la conducen a colarse en un ensayo de orquesta, donde sus relaciones de amistad se intensifican con los integrantes, resultando en la aspiración por estudiar piano formalmente; aunque, sus pretensiones se ven opacadas por el peso de la comunidad y eventual rastreo por parte de su esposo y primo de éste, Moishe (Jeff Wilbusch), con la finalidad de regresarla a su país. Poco Ortodoxa delinea cuidadosamente a sus personajes, no hay totalidades pero cada uno lucha por encontrar una salida real o ficticia a los demonios internos –nótese a Yanky o Moishe- y tanto Esty como cada uno de ellos revelan sus verdaderos anhelos, cayendo en la cuenta que tal vez “Dios está pidiendo demasiado de ellos”; una de las ideas más delicadas que trata la serie, es la (im)posibilidad de no olvidar el pasado pero convivir –como ella menciona- “con tus muertos” y en el caso de la comunidad jasídica, el poder habitar en una ciudad posterior a la guerra donde sus antepasados seguirán presentes, pero la mejor honra a su memoria será el continuar viviendo.

 

Esty en su paso por Berlín, se descubre como una mujer con ambiciones y la cual debe decidir qué pesa más: la tradición o lo desconocido. Utiliza pantalones, se aplica labial rojo y canta frente a otras personas, prohibiciones de su antigua vida pero descubrimientos en la nueva identidad. La miniserie de cuatro capítulos, cuenta además con un especial de media hora del detrás de cámaras, en una breve charla con Feldman y demás realizadoras, quienes explican con mayor detalle -de lo que puede hacer este artículo- el proceso de la serie. El peligro de tomar una historia personal y convertirla en un llamado por la plenitud interior, lo corre Poco Ortodoxa y vaya que lo hacen bien.