El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro se retiró el viernes pasado de la mesa de negociaciones con los delegados de Juan Guaidó. El líder chavista también afirmó que “no nos veremos más las caras” si este “no rectifica su postura entreguista” y su presunta intención de entregar la Guayana Esquiba, antigua posesión británica, un territorio selvático de la vecina Guayana que forma parte de un reclamo territorial histórico del Estado venezolano.

La vicepresidenta ejecutiva de Maduro, Delcy Rodríguez, anteriormente había publicado en la televisión una conversación privada entre los venezolanos Vanessa Neuman, miembro de la Comisión de Defensa de los Estados Unidos, y Manuel Avendaño, asesor de Juan Guaidó. Ahí conversaban sobre la necesidad de deponer el énfasis reivindicativo venezolano sobre el Esequibo para atenuar tensiones regionales y obtener apoyo político e internacional necesario para concretar la transición a la democracia.

“Creo en el diálogo, creo en la paz, pero no acepto traiciones”, dijo Maduro en unas declaraciones ofrecidas en el Palacio Blanco, en el centro de Caracas.

La vicepresidenta acusó a Guaidó “y a su organización criminal”, de comandar un proceso entreguista y antivenezolano en confabulación con intereses imperiales.

Mientras tanto, el fiscal general del chavismo, Tarek William Saab, anunció una investigación en contra de Neuman y Avendaño. Ya lo había anunciado contra el propio Guaidó. Avendaño estaba solicitando esa misma noche asilo político en la embajada de Chile en Caracas.

La Guayana Esequiba es un territorio de 159.000 kilómetros cuadrados en el extremos oriental del país, que perteneció a la capitanía general de Venezuela, en la época del dominio español, y que fue ocupado luego por los ingleses a principios del siglo XIX. Hoy forma parte de la vecina República de Guayana, ocupando más de la mitad de su territorio formal, y habitada totalmente por guyaneses.