Ayer arribaron a Tijuana solo 357 personas que forman parte de la primera Caravana Migrante, que partió de Honduras a Estados Unidos el pasado 13 de octubre con cinco mil integrantes, quienes salieron de su país a causa del clima de violencia, dominio del crimen organizado y falta de oportunidades. Por ello, el reducido contingente espera obtener asilo de parte de las autoridades estadounidenses. “Sí se puedo, sí se pudo” y “no somos delincuentes” fueron los gritos de los migrantes al llegar al territorio tijuanense, donde su primera parada para alimentarse fue en el desayunador Salesiano Padre Chava. Después de comer, un poco desorientados se dirigieron a la playa de Tijuana y ahí algunos de ellos treparon la muralla de acero del gobierno estadounidense ante la mirada vigilante de los elementos de la patrulla fronteriza. Tras un mes de recorrido ahora los migrantes viven un futuro incierto, pues tendrán que esperar la respuesta de Estados Unidos o en su defecto intentar cruzar la frontera ilegalmente siendo conscientes de las duras políticas en materia de migración que promovió el presidente estadounidense, Donald Trump.