LeBarón: la familia que le plantó cara al crimen organizado en el norte del país

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por Jesús Franco

En 1920 una familia de fundamentalistas mormones llegó a México. Se instaló en los límites de Chihuahua y Sonora. Su vida era tranquila. Se asentaron al noroeste de Chihuahua en la colonia LeBarón de Nuevo Casas Grandes, que recibió ese nombre por el apellido de la familia.

Pasaban desapercibidos, pero su vida dio un vuelco cuando Erick LeBarón fue secuestrado en mayo del 2009. Se logró su liberación sin el pago de 1 millón de dólares que sus captores exigían.

Ese mismo año, nació un liderazgo en esa comunidad, en su mayoría dedicada a la producción de quesos y nueces: Julián LeBarón. La razón: su hermano Benjamín fue secuestrado y asesinado. Ya asentados en el Rancho la Mora, ubicado en el muicipio de Bavispe, Sonora, el núcleo de los LeBarón dedicado al activismo fue víctima del Cártel de los Salazar, una esición del Cártel de Sinaloa.

El activismo de los LeBarón se convirtió en parte de su epitafio. Amenazas, mantas colgadas afuera de su casa e intentos de extorsión, eran el común denominador de esta familia que, en su mayoría, también tiene la nacionalidad estadounidense. Los cinco mil integrantes de esa comunidad-familia hoy piden justicia.

El 4 de noviembre, cerca de las 10 de la mañana, una emboscada a tres camionetas de cuatro amas de casa que “iban al mandado”, como lo relató el mismo Julián, dejó una escena dantesca. 6 niños, dos de ellos gemelos de un año que tomaban pecho, fueron asesinados. Con ellos, tres mujeres adultas.

Lo que se vive en esos lugares olvidados está fuera del alcance del entendimiento de la lógica humana. ¿Por qué quemar a dos niños con su mamá? ¿Por qué disprarle a mansalva a una mujer que sale de su vehículo con las manos arriba?

El crimen es atroz y certero. Pone en evidencia la fragilidad de las instituciones más primigéneas de la sociedad. Las familias. Pero también, de cómo los aparatos de inteligencia y seguridad no han atinado en desarticular las bandas que acechan a activistas y a todo aquel que denuncie. Como lo dijo LeBarón: “Queremos saber quién fue, pero también quién está detrás protegiendo a esos asesinos”.