368089 03: A Man Representing Jesus Christ Wears A Crown Of Thorns And Is Led Through The Streets Of Iztapalapa, Mexico April 21, 2000 To Mark The Holy Week Of Easter. (Photo By Susana Gonzalez/Getty Images)
La Pasión, la sangre, la tragedia, la historia. 176 representaciones que han juntado a los 8 barrios de la delegación mexicana de Iztapalapa en un evento de tradicional abolengo y espiritualidad. La corona de espinas en la cabeza de José Antonio Reyes (Jesús), y la memoria de aquel manantial que brotó en 1833 al pie de un ahuehuete en el pueblo de San Lorenzo Tezonco para curar, como un milagro, el cólera intempestivo que azotaba a la población como los romanos a Jesucristo, son los ingredientes para hacer de este un pedazo de historia invaluable en la capital mexicana. Iztapalapa vive y palpita al rito de una representación que es más que solo el viacrucis y la crucifixión de Cristo, es memoria, es tradición y es cultura. La ruta comienza puntualmente según el dictado de la Biblia para culminar en El Cerro de la Estrella con la crucifixión de Jesús. Los actores son más que solo eso. Elegidos por la comunidad, deben cubrir un total de, al menos, 150 horas de ensayo, los domingos, para representar fielmente la Pasión de Cristo. Cumplir con toda la procesión desde el domingo de ramos requiere un nivel de condición física favorable y vivir en carne propia lo que los evangelistas Mateos, Marcos, Lucas y Juan detallaron en la pieza de historia máxima jamás redactada para la humanidad, la Biblia. Coronación, flagelo, agua, llanto, crucifixión. La Pasión de Cristo vive y late en el corazón de Iztapalapa como la máxima expresión cultural de la delegación y una que es reconocida mundialmente por decenas de instituciones como la más grande. El poeta mexicano, Carlos Monsiváis, describió el evento como “el más genuino y avasallador teatro de masas que queda en México”. Los espectadores sienten y vibran la Pasión de Iztapalapa como si fuera propia y por ello, los organizadores han hecho una petición a la UNESCO porque se le adjudique el título de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.