La economía chilena al filo de la navaja.

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En menos de un mes, el caballo puntero en la carrera económica de Latinoamérica ha caído y su panorama para una estabilidad económica se ha nublado. La crisis, las protestas y la expectativa de una insegura negociación política para restablecer el orden público y consentir medidas de freno a la desigualdad, han trastabillado aún más la economía chilena. 

Desde el comienzo de las protestas, el país pasó de un crecimiento anual encima del 2,5% a la posibilidad de entrar en recesión para el próximo año. El Índice Mensual de Actividad Económica (IMACEC) de octubre cayó un 3,4%. De acuerdo con el ministro de Hacienda – Ignacio Briones – “se trata de la mayor baja desde julio de 2009 (La Gran Recesión)”. 

Dicho diagnóstico coincide con el de JPMorgan – importante inversor en la región – que pronostica “un prolongado período de baja actividad económica empresarial” durante la cual se encontrarán con elecciones parlamentarias presidenciales en 2021. 

La posibilidad de una recesión no ha sido descartada por el gobierno, las dudas aterrizan más que nunca desde la Gran Crisis. Óscar Landerretche – académico de la Facultad de Economía y Negocios en la Universidad de Chile – desglosa el impacto productivo de la explosión social. Landerretche explica que existen dos impactos: el primero es la destrucción de la infraestructura empresarial, como supermercados, acompañado de una disyunción en la logística, limitaciones en la cantidad de horas de trabajo diarias (40) y las caídas en el ingreso de los que trabajan por comisiones de ventas; el segundo, la incertidumbre que – según el expresidente de Codelco – orilla a la ciudadanía a obtener recursos líquidos, manteniéndose adversos al riesgo y a la inversión del país. 

La Cámara Chilena de la Construcción declaró que al menos 4,500 millones de dólares han sido perdidos gracias a la destrucción de la infraestructura pública. Las ventas en el comercio decrecieron en una tasa de doble dígito. Las micro, pequeñas y medianas empresas cifran en unas 20,000 pymes que podrían declararse en quiebra por la caída de producción; el IVA también sufrió un tropiezo al disminuir en un 25%. Briones calculó que 300,000 personas serán desempleadas para final de año.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) previene que una cuarentena sujeta a la incertidumbre provocada por la crisis; el 2,2% de crecimiento este año – la mitad a comparación del año pasado – y 2,4% en 2020. Las exportaciones e importaciones han disminuido en un 35%, los 6,400 kilómetros de costa que goza el territorio chileno se encuentran inutilizados. El Banco Central Chileno anunció una histórica intervención en el mercado cambiario de 20,000 millones de dólares. 

En Abril arrancará el plebiscito en el que los chilenos decidirán si debe anularse o mantenerse la carta fundamental de 1980 – el 85% se inclina hacia el cambio hacia una nueva carta fundamental –, si llegará a darse un cambio en dicha carta entonces se elegiría un mecanismo paralelo: entre una asamblea compuesta en su totalidad por ciudadanos o una con 50% de ellos y la otra mitad de parlamentarios. 

Si la economía chilena llegará a volcare por completo, el plan de emergencia se respalda en el 60% de exportaciones de cobre, del cuál también depende una décima parte del PIB chileno; Chile supone más de la cuarta parte de la oferta de este metal en el mundo. 

Dentro de las buenas noticias en la economía del pueblo sudamericano se encuentra la rebaja en los tipos de interés gracias al banco central (ha disminuido de 3% a 1,75%). En voz de Landerretche, lo primero que se debe solucionar es la violencia “porque con desorden social, nada va a funcionar.”