Segundo artículo de una serie enfocada en las nominaciones al Óscar. Louis B. Mayer era conocido como uno de los grandes titanes de la época dorada de la industria cinematográfica, bajo su producción crea figuras míticas, estrellas de cine cuya figura pública era férreamente controlada por él. Para Judy Garland tenía un apodo cada vez que la veía, “mi pequeña jorobada”; la actriz y cantante que fue un elemento esencial en sus filmes, sufrió de acoso sexual por parte del ejecutivo: su propia versión de Harvey Weinstein. La película biográficaJudy (2019) destapa episodios conocidos de la vida de la actriz, que por muchos años permanecieron como secretos a voces, denuncias vagas sobre la industria del entretenimiento. Ambientada en Londres de 1968, la historia se centra en las últimas actuaciones que dio para Talk of the Town, así como el surgimiento y declive de su último matrimonio con Mickey Deans; los finales y definitivos momentos de Garland son presentados como la culminación de una vida dedicada a la tristeza. El cineasta Rupert Goold, se valió de memorias, entrevistas  y archivos fílmicos para armar la interpretación magistral de Renée Zellweger; hay que recalcar que Rupert Goold cuenta con mayor experiencia haciendo películas para televisión, y por lo tanto Judy (2019) representa su segunda película de gran peso, después de Falsa identidad (2015), y a pesar de esto, muestra un buen manejo de ritmo, con momentos sentimentales justos, pero sin mayores sorpresas… Tanto la caracterización, gesticulaciones y expresiones de Zellweger aportan una idea desgarradora sobre la lucha constante de Garland contra las adicciones al alcohol y drogas. La cinta cuenta con dos nominaciones, Mejor Actriz y Mejor Maquillaje y Peinado, y tras ver la actuación de Zellweger –es casi seguro- que se lleve la estatuilla; su formación en cine musical con Chicago (2002) le funciona para entregar una actuación convincente y cantar los éxitos de Garland sin mayor dificultad, podría decirse que es uno de los mejores trabajos de la actriz y con mayor mérito tras una larga ausencia del cine. A diferencia del biopic Bohemian Rhapsody (2018), donde hay una sucesión lineal de la vida de Freddie Mercury hasta mostrar un deterioro progresivo, Judy (2019) se vale del flashback donde se muestra al espectador los momentos claves que la llevaron a morir con tan sólo 47 años de edad; el descuido físico, rechazo a comer por temor a subir de peso, insomnio, baja autoestima y deseo de sentirse amada, son consecuencia directa de los años que pasó siendo una de las niñas prodigio de Hollywood. Sin descanso, trabajando dieciocho horas seguidas y dependiente a pastillas para inhibir el hambre, permearon en la vida turbulenta de Garland. Cuando se le prohibió comer pastel en una grabación, en la edad adulta teme hacerlo en frente de sus asistentes, cuando fue desgastada laboralmente, en la edad adulta no llega a tiempo a sus conciertos o ni siquiera asiste, cuando fue rechazada por su compañero Mickey Rooney, en la edad adulta utiliza a su quinto esposo como salvavidas. Especialmente la aparición de Mickey Deans (Finn Wittrock) se convierte en motivo de parafernalia, cuando Garland cree por fin haber encontrado un amor real y no un esposo que gaste su dinero en empresas fantasma o apuestas. Ante tal felicidad y una inesperada boda, pareciera que la vida de la actriz mejora pero sólo cae en otro círculo vicioso; las actuaciones secundarias –asistentes, esposo, representante, fanáticos- enmarcan a personas pasajeras en la vida de Garland, de la ficción a la realidad, la actriz no contaba con mayores relaciones interpersonales que la de sus hijos, por quienes inicia este viaje mesiánico para saldar sus deudas y en un futuro –ella esperaba- poseer su custodia completa. Hubiera sido una apuesta interesante y arriesgada mostrar la industria cinematográfica en la década de 1960, la desaparición de las grandes estrellas de cine y con mayor profundidad, la explotación laboral que los transformó en objetos decorativos. Hay aún pasajes en su vida que no han sido completamente mencionados, como las relaciones que mantenía con compañeros o con su propia familia y el mostrar primordialmente a una Garland envejecida y perdida es efectivo para los propósitos de la película, pero no la hace una historia original ni con propuesta. No obstante, las vicisitudes de una carrera enfocada a entretener a los demás, a costa de la propia independencia, dejan entrever al espectador que hay algo más allá del aparente arcoíris. No es nueva la temática de solitud de quienes tienen a la audiencia a sus pies, su mayor talento será el de ocultar la desdicha y bajo este planteamiento, Judy (2019) propone explorar –aunque escasamente- una industria viciada por hombres “magnánimos” que apoyan a estrellas en ascenso. El mayor acierto de la película es el final conmovedor, donde se plantea que Garland en una última actuación pública, canta descorazonadamente Somewhere over the rainbow, al que se le ha apodado como el himno de la esperanza ante tiempos adversos; y es ahí, ante su público cuando se da cuenta del amor que sienten por ella sus más acérrimos fanáticos, y fugazmente vuelve a ser esa niña de Minnesota que actuaba en los espectáculos de vodevil junto a su familia.      TRAILER https://www.youtube.com/watch?v=BqmUjMOlEJA