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Séptimo artículo de una serie enfocada en las nominaciones al Óscar. Para aquellos fanáticos de la velocidad y competencias ejecutivas disfrazadas, el filme Ford vs. Ferrari(2019) demuestra ser una opción confiable y segura. La historia se centra en la rivalidad comercial de las marcas automovilísticas que dan título a la película, ambas con compradores establecidos y catalogados por ellos mismos, hasta el momento en que Henry Ford II (Tracy Letts) decide establecerse como un rival a vencer para Enzo Ferrari (Remo Girone); pero el director –quien no es un amateuren el cine- James Mangold, no persigue desarrollar los personajes de aquellos magnates de la industria, quienes se les presenta como calculadores, fríos y ambiciosos, excepto en ciertas ocasiones a Henry Ford II quien pareciera tener un lado sentimental (lo cual no es ninguna sorpresa, desde el inicio se establece que el estadounidense es más bondadoso que el italiano, son ellos quienes sí tienen noción de la familia y el trabajo en equipo). Si bien, las grandes empresas parecieran encontrarse en una relativa calma económica, la tempestad ambiciosa no los deja descansar apaciblemente, por lo que la compañía Ford manda a sus sabuesos con mejor olfato para cazar talento y encontrar al hombre con la capacidad de construir un automóvil que compita contra los italianos recelosos. Ese alguien, es Caroll Shelby (Matt Damon) un pasado piloto de carreras quien debido a su precaria condición cardíaca, debe abandonar esta pasión y enfocarse en su compañía; hasta el momento que la fortuna toca su puerta y aparece con un traje, haciéndose llamar Lee Iacocca (Jon Bernthal) y tras una serie de “estire y afloje” en acuerdos comerciales logran conformar un equipo que además correrá en Le Mans –competencia de alto nivel cuya duración de 24 horas prueba la fortaleza de la carrocería y el piloto- completando el cuadro laboral con la aparición oportuna del piloto Ken Miles (Christian Bale). La película Ford vs. Ferrari (2019) a diferencia de la historia verídica que cuenta, no arriesga casi en ningún aspecto. Los personajes caen en el campo de lo común, siendo Shelby y Miles aquellos en llevarse el protagonismo completo; su amistad se pone a prueba tras ser contratados por Ford pero parecieran ser caricaturizados: Shelby es el hombre que recurre a la lógica aunque con sus dosis de corazonadas bienintencionadas, mientras que Miles tiene un temperamento volátil quien al llegar a su hogar es un padre y esposo amoroso. Mientras que las tramas secundarias que se desarrollan no aportan en nada al filme. Las escenas de Mollie,(Caitriona Balfe) en un rol de ¿esposa?, ¿madre? –no se distingue una de otra- sobran y suponen estar forzadas, al igual que el hijo Peter (Noah Jupe) quien apoya a su padre y sufre verlo competir, pero nada más. Igualmente, surge el desacuerdo dentro de la compañía y Leo Beebe (Josh Lucas) es el antagonista-secundario que desea destruir a Miles, en una especie de venganza por el honor dañado, aunque esta rivalidad no hace mucho sentido y aletarga la cinta. Y aunque la balanza pareciera inclinarse en convertirla en un drama histórico un tanto soso, James Mangold logra rescatarlo de cierta manera con la reconstrucción de los automóviles, un deleite sin duda alguna para los expertos quienes pueden apreciar el lanzamiento del Shelby Mustang, el Shelby Cobra y un pequeño vistazo a la fábrica sesentera de Ferrari; un viaje en el tiempo, que seguramente tuvo a más de uno atento en su butaca al escuchar el rugir feroz del motor. El mayor logro son las escenas de la carrera Le Mans, cuyo mérito es llevar al espectador a una competencia clave para Ford. Es palpable la adrenalina de los pilotos, así como las ansías de los asistentes al ver a su favorito dar otra vuelta más o el desaliento al enterarse que su apuesta había descendido en lugares; aunque nuevamente, surge el prejuicio del rival engañoso, puesto que la escudería italiana, en cierta medida, se dibuja como tramposa contra otros competidores, ¿realmente fue así? Tras este traspié, el resto del filme se desarrolla en dar a conocer al ganador de la competencia y es ahí cuando el personaje de Miles (Christian Bale) en su afán por el individualismo, entiende que el “estadounidense ejemplar” siempre debe hacerse acompañar de un equipo leal, dando lugar al momento más trascendental de la pieza cinematográfica: la fotografía que inmortaliza a Ford como ganador de los tres primeros lugares de la carrera. Aunque, la cinta abiertamente promueve la amistad, el apoyo familiar y el patriotismo americano como valores propios de los personajes reales y de una época, falla en entregarle al público una historia que pueda ganar el Óscar a Mejor Película. Pero, rotundamente gana en convertirse en una cinta indispensable para los amantes del historicismo automovilístico, una opción infalible para un domingo palomero y desenfadado; por lo pronto, aún con cuatro nominaciones a los Premios de la Academia –Mejor película, Mejor montaje, Mejor sonido y Mejor edición de sonido- es difícil que el cineasta Mangold logre adjudicarse alguno para su propia “escudería”, sin embargo, valdría la pena que el lector pudiera verla y emitir su opinión. Los filmes que despliegan el poderío de la máquina, raramente dejaran de producirse y menos aún si relatan los bemoles del hombre dispuesto a domarla. TRAILER https://www.youtube.com/watch?v=kqE0Q_4AB20