La bandera confederada ha sido durante más de 70 años un emblema de las carreras de la serie NASCAR, tan tradicional y típica en Estados Unidos, y donde cientos de miles de fanáticos se reúnen para observar las maravillas mecánicas de los grandes constructores mundiales y claro, nacionales.

Las carreras de autos, puntualmente hablando de la serie NASCAR, son un deporte muy estadounidense. Nacieron en Daytona Beach, Florida, hace más de 70 años e incluso han tenido su representación por parte de Disney con la película Cars. Existen varias categorías y divisiones dentro de la misma NASCAR, sin embargo, en la GEICO 500 participa Darrell Bubba Wallace, el único hombre negro de toda la competición.

Recientemente, cuando todos los movimientos sociales en torno al asesinato de Geroge Floyd estallaron en Estados Unidos, Bubba Wallace abordó la lucha en su deporte y comenzó una moción para erradicar la bandera confederada de todas las competiciones de la NASCAR Series de por vida. Este fue un hecho controvertido que despertó la polémica y muchísimas personas se manifestaron en contra, pues consideran esta bandera como parte de la esencia misma del automovilismo americano.

Ergo: la esencia del deporte de motor en Estados Unidos es uno de opresión, esclavismo y violación de derechos. Emblema del supremacismo blanco.

Wallace, de 26 años, supo de inmediato que el camino sería empedrado, sobre todo si se considera que él es apenas el séptimo hombre de raza negra que pisa los emparrillados de la NASCAR en más de 70 años. El último de ellos, hace 45 años. Sin embargo, de seguro que nunca esperó que, tras la carrera suspendida del domingo, en el Talladega Superspeedway de Alabama, se encontraría una soga en el garaje de su equipo. Otro símbolo más que acompañó la trama de su lucha. Las sogas son conocidas por usarse para colgar de los árboles a personas de raza negra durante la Guerra Civil.

El hecho fue condenado y reprimido de inmediato por todas las autoridades responsables en la NASCAR. La carrera del domingo fue aplazada al lunes y cuando Bubba terminó, lo hizo entre aplausos y abrazos por parte de todo su equipo y del mismo dueño, Richard Petty “The King”, miembro honorario del Salón de la Fama de NASCAR.

Fue él, su empleador, quien a las luces públicas salió a defender a su piloto y condenar cualquier acto de discriminación, tortura y violencia en contra de Wallace o cualquier otra persona en el deporte.

Por supuesto que la serie no se quedó atrás. “Estamos enojados e indignados y no podemos enunciar más firmemente cuán seriamente no tomamos este acto atroz”, citó la NASCAR en un comunicado, “lanzamos una inmediata investigación y haremos todo lo que se pueda para identificar a la persona responsable y eliminarla del deporte. No hay lugar para el racismo en NASCAR”. De ahí que emanara una investigación por parte del mismo FBI.

Los actos de racismo y discriminación no caben en este ni en ningún otro deporte. Por si fuera poco, hace falta recordar que el campeón mundial de la Formula 1, Lewis Hamilton, es negro; el hombre más rápido del mundo, Usain Bolt, es negro; la selección de fútbol campeona del mundo, Francia, lo hizo con 14 jugadores negros inmigrantes africanos; la mejor tenista del mundo, Serena Williams, es negra; la campeona mundial y olímpica de la gimnasia olímpica, Simone Biles, es negra; la multi-campeona olímpica de atletismo, Shelly-Ann Fraser, es negra; el 68 por ciento de los jugadores de la NFL, son negros.