Octavo artículo de una serie enfocada en las nominaciones al Óscar. Érase una vez en… la mente de Tarantino, el deambular de una idea con una personalidad de antaño. Surgió, creció y se convirtió en dos actores venidos a menos, Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) y Cliff Booth (Brad Pitt) quienes deben sobrevivir los cambios agigantados de Hollywood con el surgimiento de esta nueva especie de entretenimiento, que parece gustar al público. Como sello distintivo del creador, la película toma como fuente principal de inspiración el género westernun tanto solicitado y gastado en el universo de Tarantino, donde su destino depende de la capacidad de Rick Dalton para no caer en el olvido de la televisión, tras haber sido la máxima estrella en la serie Bounty Law; el fiel amigo que lo acompaña, Booth, fue también su doble de acción quien ante el futuro incierto de Dalton se contenta con hacer mandados para él o llevarlo a reuniones con su agente Marvin Schwarzs (Al Pacino). Con un panorama amargo, la historia comienza a tomar su cauce para revelarse como una visión (cuasi)fantástica de Tarantino, con un desfile de personalidades célebres que salen sorpresivamente como palomitas explotadas en el microondas. Tal y como los tours que los turistas disfrutan en los grandes estudios de cine, a su derecha se encuentra Bruce Lee (Mike Moh), mientras que si giran levemente la cabeza a su costado izquierdo se devela a los integrantes de The Mamas & ThePapas, y al prestar atención están los amigos más cercanos de Sharon Tate (Margot Robbie), pero al final del recorrido se solicita precaución si se desea conocer el rancho donde vive la familia Manson. La estructura de juego temático se combina con un estilo que rememora –y homenajea- los filmes de la década de 1960; existe un buen uso y manejo del vestuario, diseño de arte, música y ambientación. Sacando partido del fanatismo que Tarantino siente por el western –conocido aquí, por ser el cine de vaqueros e indios- y quien desea apasionadamente catapultarlo nuevamente, son famosas cintas como Django sin cadenas (2012) o Los 8 más odiados(2015), en su afán por seguir los pasos de cineastas como Sergio Leone; aunque las opiniones respecto su mundo tarantin(esco) estén divididas. Aquellos que conocen y dicen ser doctos de su cinematografía, seguramente sabrán que hay una preponderancia por la violencia. El conflicto y los aparatosos combates, son el meollo de toda su filmografía, claro está, también son esenciales los personajes llevados al plano burlesco en ocasiones complicados de imaginar en la realidad, quienes suelen ser descarados al hablar y comportarse; parten de un conflicto interno que suelen exteriorizarlo, para que al final los problemas terminen solucionándose de la manera menos pensada o calculada y éste filme, no es en absoluto la excepción. A Dalton y Booth, comienza a pesarles una fama que ya no corresponde a su tiempo. Son testigos de una sociedad que trae consigo el lema de amor y paz; sus seguidores dejaron de ser esos niños para incorporarse a sectas que propagan el miedo. La desadaptación obliga el traslado de Dalton a Italia, donde encuentra un respiro de Hollywood, pero que a su regreso,  ya estaba en marcha un plan macabro por parte de la familia Manson; es aquí, la cuerda floja sobre la que se paseó Tarantino. El éxito envejecido de los amigos, entrelaza la historia de la familia Manson, que a su vez, pasa a trastocar la vida de Sharon Tate. En este mundo imaginario, Booth conoce a un miembro del clan llamada Pussycat (Margaret Qualley), quien le permite conocer el rancho mientras que él comienza a darse cuenta del peligroso “hipismo” que ellos enmascaran, tras una fachada de armonía juvenil; los hechos son alterados para permitir que el personaje de Sharon Tate se salve de ser asesinada y suponen un homenaje póstumo del ¿qué hubiera pasado si…? : una jugarreta cinematográfica al destino. Y aunque el gesto es agradable, Tarantino no termina por abarcar ni una ni otra cosa. Vaga entre la carrera inconclusa de Dalton y su amistad con Booth, para cambiar de autopista y dirigirse a Sharon Tate con su afán por triunfar -como el placer que siente al escuchar reír a las personas por su actuación en el cine- y finalmente se detiene un momento, para enfocarse en la familia Manson, son conocidas sus intenciones pero ¿por qué?, ¿hay alguna explicación sin develar? Sí la hay, pero el cineasta no lo hace. El filme es ambicioso pero con un maniqueísmo palpable. Hay malos muy malos o buenos muy ingenuos; y aunque el homenaje es enternecedor, la historia pareciera avanzar con pausas, como si fueran capítulos aparte de una serie televisiva. La cinta cuenta con diez nominaciones a los premios de la Academia, entre ellos, el de Mejor Película; es casi seguro, que se lleve algún galardón pero no es lo suficientemente fuerte para competir directamente con las grandes favoritas, 1917y Parásitos. Los fanáticos de Tarantino, podrían coincidir conmigo en que esta película, aunque no es la más lograda de su repertorio, es una pieza fantasiosa para recordar al Hollywood clásico. TRAILER https://www.youtube.com/watch?v=bLqTt35GCA4