Nos hemos acostumbrado a ignorar nuestro estado emocional. Pareciera que no es importante el estado de ánimo para seguir adelante. Pareciera una obligación estar y hacer lo que toca sin permitirse sentir, sin cuestionar lo que sucede, sin hacer una pausa en el camino para tomar aire.

La forma en que esta pandemia nos ha sorprendido es imposible de describir. Absolutamente nadie estaba preparado en el mundo entero para lo que iba a venir. Aún hoy, un semestre después, seguimos impactados por lo que sigue sucediendo, porque esto no acaba, porque la gente no entiende, porque los casos no se detienen, porque las muertes se cuentan como cifras que salen en la tele.

Estamos en estado de shock, pero no lo mostramos. ¿Porqué?, porque no sabemos qué hacer con esa información. Porque es demasiado. Porque no habíamos vivido nunca semejante impotencia, frustración, miedo, soledad, incertidumbre, ansiedad, desencanto, angustia, enfermedad… El impacto de todas estas emociones juntas lo recibimos estemos conscientes o no.

Todo parece indicar que la pandemia llegó para quedarse, entonces es necesario que en la medida de nuestras posibilidades vayamos tomando en cuenta formas de acercarnos a nuestro estado físico y emocional, aprendernos a cuidar. Algo es seguro: no seremos los mismos que fuimos cuando esto comenzó. La transformación, el cambio, los ajustes serán inevitables… Pero hay una buena noticia: si ponemos atención y voluntad, seguramente podremos decidir quiénes sí seremos.

por @jorgecharcot