Los grandes romances son imprevisibles, carecen de lógica y en la mayoría de los casos perduran, si bien no físicamente, pero dejan una huella complicada de borrar de aquellos que lo experimentan.

Ante tal explosión de sentimientos, algunos deciden compartirlos creando personajes ficticios que encarnan al amado, componer notas musicales que rimen con su alegría, retratarlo en un caballete o con un cincel en mármol pero tal vez la expresión más pura es la que surge de las tribulaciones mentales y se materializa por medio de letras en correspondencia personal; escritores, intelectuales, filósofos y poetas se han visto tentados a expresarse sinceramente, no interesa si el resultado fue victorioso o errado pero la historia detrás de sus acciones.

He aquí una breve compilación epistolar, surgida de personajes que marcaron el rumbo de la historia. Demostrando que la cultura, se encuentra al servicio del amor.

  1. Juan Rulfo y Clara Aparicio

El de Rulfo con Clara fue un amor como botón de flor. Tímidamente surgió en Guadalajara, cuando el joven escritor de veinticuatro años vio por primera vez a una chica de trece y se enamoró perdidamente de esa muchachita, aunque su idilio devino tres años después a petición de ella; su romance transcurrió entre miradas, invitaciones y pláticas penosas que terminaron en una promesa de Rulfo por mandarle correspondencia a su amada –mientras estuviera en la Ciudad de México- entablando un romance de casi una década por medio de las letras.

Fue en 1947 cuando la pareja de once años de diferencia, contrajo matrimonio en el templo de El Carmeny estuvieron eternamente unidos hasta la muerte del escritor en 1986; las epístolas son testigo de un vínculo inquebrantable y que a los fieles lectores, nos dejaron una pequeña porción de su querer.

Chiquilla:

¿Sabes una cosa?

 He llegado a saber, después de muchas vueltas, que tienes los ojos azucarados. Ayer nada menos soñé que te besaba los ojos, arribita de las pestañas, y resultó que la boca me supo a azúcar; ni más ni menos, a esa azúcar que comemos robándonosla de la cocina, a escondidas de la mamá, cuando somos niños.

También he concluido por saber que los cachetitos, el derecho y el izquierdo, los dos, tienen sabor a durazno, quizá porque del corazón sube algo de ese sabor.

Bueno, la cosa es que, del modo que sea, ya no encuentro la hora de volverte a ver.

No me conformo, no; me desespero.

 Ayer pensé en tí, además, pensé lo bueno que sería yo si encontrara el camino hacia el durazno de tu corazón; lo pronto que se acabaría la maldad a mi alma.

Por lo pronto, me puse a medir el tamaño de mi cariño y dio 685 kilómetros por la carretera. Es decir, de aquí a donde tú estás. Ahí se acabó. Y es que tú eres el principio y fin de todas las cosas.

Juan.

 

  1. Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre

Era el período de entreguerras, París estaba viviendo un boom cultural que tenía como punto de reunión los cafés y universidades donde intelectuales, artistas y filósofos exploraban los límites de la existencia. En 1929 , unos compañeros de clase en la Sorbona encontraron en el otro un complemento sentimental e intelectual, se trataba de Beauvoir y Sartre, quienes catalogaron su relación bajo dos postulados: el amor necesario y el amor contingente.

El primero, hace referencia al romance y colaboración intelectual que tenían; ambos escritores, leían al otro en una especie de complicidad laboral, aunque nunca pretendieron imponer postulados propios. La pareja vivía en casas distintas y el número 172 del Boulevard Saint-Germain –conocido como Café de Flore– era el sitio indicado para escribir, dialogar o desarrollar postulados con otros intelectuales de la época; de esta unión física –teórica, surge el amor contingente, nombrando así a las parejas ocasionales que tenían y quienes no representaban un apego emocional pero una diversión física pasajera, pudiendo tener las aventuras amorosas que desearan con la única condición de reservar su amor necesariopor el otro.

Juntos viajaron por el mundo, impartieron conferencias y se volvieron los portavoces del existencialismo. Fundaron Les Temps Modernes una revista con longitud de una novela, donde los artículos eran escritos por los forjadores de la cultura francófona; nunca se casaron ni tuvieron hijos para dedicarse de tiempo completo a la escritura. Se separaron hasta la muerte de Sartre en 1980, un año después Beauvoir publica La ceremonia del adiós, un compilado de entrevistas hechas a su pareja y análisis de su obra; sin duda, una de las mayores expresiones de amor.

Mi querida chiquilla:

Por mucho tiempo he querido escribirte por la tarde luego de esas salidas con amigos que pronto estaré describiendo en “A Defeat”, del tipo donde el mundo es nuestro. Quise traerte mis alegrías de conquistador y postrarlas a tus pies, como hacían en la Era del Rey Sol. Y luego, agotado por el griterío, siempre me iba simplemente a la cama. Hoy lo hago para sentir el placer que tú aún no conoces, de virar abruptamente de amistad a amor, de fuerza hacia ternura.

Esta noche te amo en una manera que aún no conoces en mí: no me encuentro ni agotado por los viajes ni envuelto por el deseo de tu presencia. Estoy dominando mi amor por ti y llevándolo hacia mi interior como elemento constitutivo de mí mismo. Esto ocurre mucho más a menudo de lo que lo admito frente a ti, pero rara vez cuando te escribo. Trata de entenderme: te amo mientras prestas atención a cosas externas. En Toulouse, simplemente te amaba. Esta noche te amo en una tarde de primavera. Te amo con la ventana abierta. Eres mía, y las cosas son mías, y mi amor altera las cosas a mi alrededor, y las cosas a mi alrededor alteran mi amor.

  1. Karl Marx y Jenny von Westphalen

Jenny von Westphalen pertenecía a una vida burguesa y acomodada, hasta que se enamoró de Marx. Era conocida la relación de amistad entre la baronesa y el intelectual, los amigos de la infancia convivieron juntos por largos años hasta que surgieron los sentimientos; Westphalen tuvo pretendientes con títulos nobiliarios y una posición económica privilegiada, sin embargo, sus inclinaciones estaban decididas. Al casarse con Marx y perder su herencia, se convirtió en su compañera de vida, quien perteneció a la Liga Comunista y además entabló correspondencia con diversos filósofos, esto con el afán de ayudar a su esposo a escribir obras como El Capital; padeció épocas de escasez económica y perdió cuatro de los siete hijos que tuvo con Marx, aunque nunca fue una figura relegada a las labores del hogar, pero era considerada un “igual” por su pareja. Existe constancia de su participación en la lucha por la liberación obrera, además de convertirse en la intermediaria entre la escritura de Marx y los editores. Murió dos años antes que Marx y la tumba de ambos es visitada por turistas curiosos en Londres; sus hijas fueron difusoras de la obra de la pareja.

Querida mía: 

De nuevo te escribo porque me encuentro solo y porque me apena siempre tener que charlar contigo sin que lo sepas ni me oigas, ni puedas contestarme. Por más malo que sea tu retrato, me sirve perfectamente, y, ahora, comprendo por qué perfectamente, y por qué hasta las “lóbregas madonnas”, las más imperfectas imágenes de la Madre de Dios, podían encontrar celosos y hasta más numerosos admiradores que las imágenes buenas. En todo caso, ninguna de esas oscuras imágenes de madonna ha sido tan besada, ninguna ha sido mirada con tanta veneración y enternecimiento, ni adorada tanto como esta foto tuya, que si bien no es lóbrega, sí es sombría, y en modo alguno representa tu hermoso, encantador y “dulce” rostro que parece haber sido creado para los besos. Yo perfecciono lo que estamparon mal los rayos del sol y llego a la conclusión de que mi vista, por muy descuidada que esté por la luz del quinqué y el humo del tabaco, es capaz de representar imágenes no sólo en sueños, sino también en la realidad.

[…]

La separación temporal es útil ya que la comunicación constante origina la apariencia de monotonía que lima la diferencia entre las cosas. Hasta las torres de cerca no parecen tan altas, mientras que las minucias de la vida diaria, al tropezar con ellas, crecen desmesuradamente. Lo mismo sucede con las pasiones: los hábitos consuetudinarios que, como resultado de la proximidad se apoderan del hombre por entero y toman forma de pasión, dejan de existir tan pronto desaparece del campo visual su objeto directo. […]

Así es mi amor. Al punto que nos separa el espacio, me convenzo de que el tiempo le sirve a mi amor tan solo para lo que el sol y la lluvia le sirven a la planta: para que crezca. Mi amor por ti, cuando te encuentras lejos de mí, se presenta tal y como es en realidad: como un gigante; en él se concentra toda mi energía espiritual y todo el vigor de mis sentimientos.

Adiós, querida mía, te mando a ti y a nuestras hijas miles y miles de besos.

 

  1. Arthur Rimbaud y Paul Verlaine

Los poetas malditoses un libro íntimo que cuenta las vivencias de un grupo de seis literatos, exhibiendo manías y los axiomas de su poesía. Escrito por Paul Verlaine –quien además pertenecía a este círculo- donde conoce a otro integrante, el niño de diecisiete años Arthur Rimbaud; él, un joven con deseos de hacer poesía pero sin los contactos adecuados, termina viajando a París donde conoce a Verlaine y por primera vez, sintiéndose identificado con su grupo de escritores.

Verlaine se encontraba casado, pero el amor entre ellos era inevitable. Rimbaud fue hospedado en la casa de su amado aún con el reproche de Mathilde –esposa de Verlaine- quien ya sospechaba de  sus afectos; tiempo después, las reuniones con los poetas son cambiadas por escapadas a países como Bruselas, donde permanecen juntos durante largas temporadas. Verlaine hace del conocimiento de su mujer el intenso amor que siente por su compañero de letras y juntos emprenden la aventura de vivir juntos; pero poetas al fin, sus pasiones se desbordaron dando pie a celos, reclamos y violentos episodios. El más importante se llevó a cabo en 1873, cuando Rimbaud amenazó con enrolarse en la milicia ante el suplicio de su pareja que no lo hiciera, lo que implicó que Verlaine comprara un arma para dispararle, y aunque no atinó en sus dos intentos prosiguió un juicio para ambos donde finalizaron completamente su relación; sus caminos se separaron pero recordaban y honraban al otro en algunos escritos. 

Amigo mío, No sé si estarás aún en Londres cuando esto te llegue; sin embargo, tengo que decirte que debes, en el fondo, comprender, por último, que me hacía mucha falta partir, que esta vida violenta y todas las escenas de tu fantasía sin motivo ya no podía soportarlas! Solamente, como te amé intensamente (vergüenza de aquel que piense mal de esto) te tengo que confirmar que si de aquí a tres días, no soy capaz de r* con mi mujer, en las idóneas condiciones, me vuelo los sesos.

Tres días de hotel, […] eso cuesta mucho… de ahí mi “tacañería” de esta semana. Me deberás perdonar. Si, como es bastante probable, tuviera que hacer esta última tontería, yo le daría a ella unos meses para afrontarlo. -lo siguiente, amigo mío, será para ti, para ti, que ahora me consideras lo peor, y con quién no he deseado regresar porque ha hecho falta que te enterrara. […] ¿Quieres que te mande un beso matador?

 Tu pobre P. Verlaine

No nos imaginemos más (a ti y a mí) en todo caso. Si mi mujer viene, tendrás mi dirección, y espero que me escribas; entretanto, de aquí a tres días, sin más, sin menos, mándame el resto del correo de Bruselas, – a mi nombre. Devuelve sus tres libros a Barrère.

*inteligible

  1. John Keats y Fanny Brawne

John Keats fue un genio de la poesía, muriendo en la agonía de la enfermedad y el amor. La familia de Fanny, alquiló una modesta casa en la campiña londinense teniendo como vecino al mismísimo poeta. Una serie de reuniones, visitas de cortesía y bailes fueron acrecentando la interacción entre ambos, Keats quien aún era aspirante a escribir verso contaba con una limitada fama, debido a la publicación de una antología de poemas, mientras que a la señorita Brawne se sentía inclinada por la moda e intervención de vestidos para embellecerlos; la amistad se convirtió en un rápido y sólido romance, aunque la economía precaria de Keats lo obligó a alquilar parte de la casa Brawne, su noviazgo continuo sin alteraciones en el corazón.

El poeta decide proponerle matrimonio a su vecina y ella se convierte en la protagonista de sus escritos, siendo uno de los más famosos el poema Estrella brillante. Ante la negativa de la madre de Brawne –quien no veía en Keats un prospecto adecuado, debido a la falta de dinero- la pareja no desiste y juntos buscan la manera de subsistir, hasta que Keats enferma gravemente de tuberculosis. Con la ayuda económica de su hermano y amigos del poeta, deciden comprarle un boleto de barco a Italia, con la esperanza que el clima amable pudiera mejorar su salud y además encontrar un editor para publicar su poesía; la pareja desespera en una separación dolorosa, ella espera las cartas de Keats hasta que un lúgubre día le anuncian la muerte de su prometido de tan sólo 25 años.

 Aún se publican las cartas y poesía que Keats escribió para Fanny. Se dice que ella vivió eternamente enamorada del poeta.

Mi señora muy querida:

Me alegro de no haber tenido oportunidad de enviarte una carta que te escribí el jueves por la noche; se parecía demasiado a las de la héloisa de Rousseau. Esta mañana soy más razonable. La mañana es el único momento apropiado para escribir a la linda niña a quien tanto amo; porque de noche, cuando el día solitario ha concluido y mi cuarto vacío, silencioso, sin música, está esperando para recibirme como un sepulcro, entonces, créeme, la pasión me avasalla; por nada quisiera que vieses los raptos a los que jamás hubiera pensado que me entregaría, y que muchas veces me hicieron reír en otros; temo que me creerías o demasiado desdichado, o quizá algo loco.

[…] 

Pregúntate, amor mío, si no eres harto cruel por haberme aprisionado, por haber destruido así mi libertad. Confiésalo en la carta que escribirás en seguida, y haz lo que puedas por consolarme, hazla sabrosa como una infusión que me embriague; escribe las palabras más dulces y bésalas, para que mis labios rocen al menos el lugar donde se posaron los tuyos. No sé cómo expresar mi devoción por una criatura tan bella: necesito una palabra más radiante que radiante, una palabra más bella que bella, casi desearía que fuéramos mariposas y sólo viviéramos tres días de estío. Contigo podrías llenar esos tres días con más deleite del que jamás contendrían cincuenta años comunes. […]

Aunque podría concentrar en ti toda mi felicidad, no puedo pretender acaparar tan enteramente tu corazón; en verdad, si pensara que sientes por mí todo lo que siento por ti en este momento, no creo que pudiera impedirme verte mañana mismo por el solo placer de abrazarte. Pero no; debo vivir de esperanza y azar. En caso de que lo peor ocurra, te seguiré amando. Pero qué odio sentiré hacia el otro. Unos versos leídos hace poco resuenan continuamente en mis oídos: 

Ver esos ojos que aprecio más que los míos

flechar a otro con favores,

y esos dulces labios, dadores de néctar inmortal,

dulcemente oprimidos por cualquiera, que no por mí..

Piensa, Francesca, piensa qué maldición sería,

inexpresable!”

J.”

 

  1. Oscar Wilde y Lord Alfred Douglas

Wilde ya era un escritor consolidado y aunque la opinión estaba dividida en la sociedad victoriana, de sobra se conocía su fama como anfitrión dadivoso. En una reunión hogareña, conoce a Lord Alfred Douglas –mucho menor que él- y quien experimentaba su iniciación en la vida cultural de Londres; fue ahí, donde ambos se convirtieron en amigos y complementaron las carencias que tenían. Wilde busco en su amante –Bosie, como le llamaba cariñosamente- la juventud e inexperiencia que él ya había perdido, por el contrario, Lord Alfred siguió como palomilla a la luz, la fama del escritor así como la vida privada que tenía en los barrios ocultos de Londres.

Podría decirse que Wilde lo condujo a experimentar el amor, además de llevarlo a conocer los burdeles masculinos; su relación de aprendiz-maestro, fue descubierta por la esposa de Wilde y el padre de Lord Alfred, quien decidió denunciar al autor por conductas inapropiadas. Valientemente, el escritor enfrentó un juicio tortuoso y largo que terminó por encarcelarlo por dos años, donde nace una carta en la que desnuda su sentir, De profundis; él recapitula su romance maldito por una sociedad conservadora, y le reprocha el nunca haberlo visitado en prisión, aunque se encuentra profundamente enamorado de él.

 

Después de su salida de la cárcel, retoma el contacto con Bosie, pero los sentimientos de éste ya se habían enfriado. Wilde, por su parte, corta relación con su esposa quien no le permite ver a sus hijos y cuyo destino fatídico lo lleva a morir solitariamente tres años después.

 

Niño mío,

 

Hoy aguardamos los veredictos, que se darán por separado. A Taylor le estarán juzgando probablemente en este momento, por eso me ha sido posible volver aquí. Mi dulce rosa, mi delicada flor, mi lirio de los lirios, será a buen seguro en la prisión donde tendré que probar el poder del amor. Veré si puedo convertir en dulces las aguas amargas con la intensidad del amor que te tengo. Hubo momentos en los que pensé que hubiera sido más sabio separarnos. ¡Ah, momentos de debilidad y de locura! Veo ahora que ello habría mutilado mi vida, arruinado mi arte, roto los acordes musicales que forman un alma perfecta. Aunque cubierto de fango, te enalteceré, te llamaré desde los más profundos abismos. En mi soledad estarás conmigo. He determinado no rebelarme, sino aceptar cada ultraje por devoción al amor. Dejar que mi cuerpo sea deshonrado tanto como pueda mi alma conservar tu imagen. De tu pelo sedoso a tus delicados pies representas para mí la perfección. El placer odia al amor por nuestra causa, pero el dolor nos revela su esencia. Oh, la más querida de las criaturas, si alguien herido por la soledad y el silencio llega a ti, deshonrado, de risible linaje para los hombres, oh, tú podrás al tocarle cerrar sus heridas y rehabilitar su alma que la desdicha había por un instante ahogado. Nada será difícil para ti entonces, y recuerda que es esa esperanza la que me hace vivir, y sólo esperanza tengo. Lo que la sabiduría es al filósofo, lo que Dios al santo, eres tú para mí. Mantenerte en mi alma es el único objeto de este dolor al que los hombres llaman vida. ¡Oh, amor mío, que aprecio sobre todas las cosas, blanco narciso en un campo ubérrimo, piensa en la aflicción que cae sobre ti, aflicción que sólo el amor puede iluminar! Pero no estés entristecido por ello, antes bien sé feliz por haber colmado de un inmortal amor el alma de un hombre que gime ahora en el infierno, y lleva, con todo, el cielo en su corazón. Te quiero, te quiero, mi corazón es una rosa a la que tu amor ha hecho florecer, mi vida un desierto aventado por la brisa deliciosa de tu aliento, cuyos refrescantes manantiales son tus ojos; la huella de tus pequeños pies forma para mí valles de sombra, el aroma de tu pelo es cual mirra, y donde quiera que vayas exhalas el perfume del árbol de la casia.

 

Quiéreme siempre, quiéreme siempre. Has sido el supremo, el perfecto amor de mi vida; no podrá haber ningún otro.

 

He decidido que es más noble y hermoso permanecer aquí. No podremos estar juntos. No quiero ser llamado desertor ni cobarde. Un nombre falso, un disfraz, una vida acosada, nada de eso me gusta, pues tú te me has mostrado en esa alta colina donde se transfiguran las cosas bellas.

 

¡Oh, el más dulce de los muchachos, el amado de los amores! Mi alma se adhiere a tu alma, mi vida es tu vida, y en los mundos todos del dolor y el placer tú eres mi ideal de admiración y alegría.

 

Oscar