El borrador del Programa Nacional Hídrico 2019 – 2024 – presentado por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) – demostró que 6 de cada 10 mexicanos no gozan de agua potable ni al saneamiento, mientras que el 40% de su disponibilidad para la agricultura se ha perdido. Esto sólo demuestra una cosa: un uso ineficiente del agua.  De igual manera, el 48% de las escuelas públicas no poseen drenaje, 31% ni siquiera tiene acceso a agua potable y 13% presenta ausencias de sanitarios. Las conclusiones indican que los mayores problemas que recaen en México – en temas hídricos – son la insuficiencia de drenaje y agua potable. Otro de ellos es la enorme brecha entre los recursos de las grandes urbes y las provincias, afectando directamente a las comunidad indígenas y afroamericanas. Las mujeres suelen ser las más agraviadas, pues – en estas regiones – son las encargadas de buscar agua y, algunas, terminan por renunciar a la escuela por falta de instalaciones sanitarias.  El uso de agua agrícola es otra de las peripecias mencionadas en el artículo, ya que las extracciones de mayor cantidad – en las que se pierde el 40% de agua – suceden al norte del país, en donde las propiedades climáticas pueden ser muy áridas y, en algunos casos, desértica. También se ha tratado sobre el maltrato a cuencas y acuíferos por la sobrexplotación y contaminación, impactando en comunidades y ecosistemas.  “La deforestación en las partes altas de las cuencas afecta el escurrimiento natural del agua, y la urbanización desmedida ha reducido marcadamente las zonas de recargas de los acuíferos”, indaga el borrador.  La poca gestión del agua en espacios democráticas ha trompicado la situación y se argumenta que “los consejos de cuenca han sido una pieza clave de coordinación entre los órdenes de gobierno, los usuarios y la sociedad; sin embargo, no han logrado incluir a la ciudadanía y en su conformación predomina la representación de grupos de interés; esto mismo sucede con los consejos de administración de organismos operadores de agua”, por tanto se busca una nación “donde el agua sea pilar de bienestar y se realice el manejo sustentable y coordinado del agua con la participación de la ciudadanía de instituciones y de órdenes de gobierno”.  Para alcanzar este objetivo, es primordial establecer los derechos humanos al agua y saneamiento, así como a un ambiente sano, a la información y a la participación. El programa ha establecido cinco metas, tres están encaminados a los consumidores de agua – garantizar el cumplimiento de los derechos mencionados, un uso eficiente del agua y la disminución de la vulnerabilidad frente a situaciones extremas – y los dos restantes específicamente para la seguridad de la integridad del ciclo del agua y la mejoría de la gobernanza del líquido.