2018, año crucial para la democracia en América Latina

Si 2017 fue un año convulso en materia política a nivel Latinoamérica, 2018 se perfila para ser uno de los años trascendentales para la democracia en una de las regiones más polifacéticas del mundo. En México y Brasil, consideradas dos potencias latinoamericanas habrá sucesión presidencial. En Venezuela, un país marcado por la hiperinflación y un gobierno que parece más una dictadura, debería convocar a elecciones. Mientras, en Cuba parece que llegará a su fin el régimen castrista.

En México, parece que la carrera presidencial es de dos. Por un lado, está el puntero de las encuestas: Andrés Manuel López Obrador. Hace seis años, el político tabasqueño creó un partido que le permitiera manejar recursos y estrategias electorales para llegar a la que podría ser su última carrera por la presidencia.

En el otro extremo está José Antonio Meade, quien hizo historia al convertirse en el primer simpatizante en abanderar la causa en el Partido Revolucionario Institucional, una jugada política que busca quitarle al cinco veces secretario de Estado ese estigma de corrupción que ha azotado a la presente administración federal y al mismo partido del Presidente.

Ex gobernadores que desfalcaron las arcas estatales (y la federal de paso), la Casa Blanca y, por supuesto, el clima de violencia generalizado que se vive en México. Pero no perdamos de vista también a un político que ha tenido una carrera política un tanto meteórica: Ricardo Anaya.

En Brasil la situación política no es nada fácil. Luego del impeachment de Dilma Rouseff, el escenario político se ha tornado complejo. Luiz Inácio Lula da Silva, exmandatario brasileño, busca de nuevo gobernar la nación suramericana con la que vivió años de idilio económico. Sin embargo, sobre el político de izquierda pesa una condena por haber facilitado contratos a empresas privadas con el gobierno a cambio de prebendas.

Sin embargo, el Instituto Datafolha de São Paulo estima que el 38% de los electores son “lulistas”, lo que prácticamente lo pondría en la silla presidencial. Aunque no debe perderse de vista el poder el centroderechista Geraldo Alckmin quien podría hacer un guiño a alguna política populista para convencer a esa parte del electorado brasileño.

Para Venezuela las cosas se tornan complejas. Se supone que este año el Gobierno de Maduro debería convocar a elecciones. Sin embargo, todo parece que estas serán una simulación más del gobierno oficialista.

En las pasadas elecciones de alcaldes, boicoteadas por la oposición, el gobierno del sucesor de Hugo Chávez amenazó a la Mesa de la Unidad Democrática, donde se agrupan las formaciones mayoritarias de coalición, con frenar “administrativamente” su entrada a las próximas elecciones. Con esto, Maduro estaría allanando su perpetuidad en el poder. Esto, aunado a que tiene una Asamblea Nacional Constituyente, impulsada por él y sus correligionarios, a modo.

En Colombia, en pleno proceso de paz y con los exguerrilleros con el poder para ocupar escaños en el Congreso, Juan Manuel Santos dejará el poder luego de dos periodos. Hasta hoy, sus máximos triunfos: la desmovilización total de las FARC y un Nobel de la Paz gracias a que pactó la paz con los guerrilleros que sembraron pánico durante media década.

En abril, los cubanos le dirían adiós al régimen castrista, ya que Raúl Castro dejará el poder y habrá elecciones para elegir a su sucesor, quien se espera siga con las mismas políticas que han gobernado la Isla en los últimos 60 años.